El jueves volví a Zaragoza tras mis vacaciones navideñas. Salí de casa temprano para pasar Madrid antes de la hora de comer y evitar el tráfico de la hora punta, así que iba muy bien de tiempo cuando decidí parar en Calatayud para hacer un poco de turismo, ya que me había quedado con ganas cuando fuimos al Monasterio de Piedra. Mientras daba un pequeño paseo comenzó a nevar. Al principio era muy bonito sentir los copos deshaciéndose en mi cara, pero al cabo de un rato reparé en que la nieve empezaba a cuajar en el suelo y en que aún me quedaba una hora de camino hasta la capital aragonesa. Calatayud es uno de los lugares más fríos del país y hubo unos minutos de tensión hasta que me alejé de allí por la nieve que empezaba a acumularse, pero pronto volvió todo a la normalidad.
El viernes el temporal fue a más e incluso nevó en Zaragoza, a pesar de estar situada a unos 200 metros sobre el nivel del mar. Ese día hubo jornada de fútbol tras la vuelta de las vacaciones. Los Diisasters volvimos a vencer, estamos desconocidos. Eso sí, 2-1 con gol en propia meta de los rivales en el penúltimo minuto. Al salir del pabellón, la nieve había cuajado y el coche estaba completamente cubierto de nieve.
Siempre jugamos en un pabellón polideportivo del campus central, donde es algo difícil aparcar. Por primera vez solicité un permiso para aparcar en el aparcamiento del campus (como personal puedo pedir dos permisos al mes). A la salida del aparcamiento hay un semáforo que se pone en verde para autorizar la salida de los vehículos y garantizar que no se baja la barrera y esas cosas. Parece ser que se había estropeado el dispositivo con la nieve y me tiré un ratazo esperando como un capullo hasta que llamé a Seguridad para preguntar qué pasaba con aquello.
Previo paso por casa a ducharme, había quedado en casa de Noe, donde pensaba quedarme a dormir. Iba a ir en autobús para que mi coche no durmiera en la calle. Iba pensando en lo tarde que iba a llegar y me fui con las manos en los bolsillos, sin llevarme ni tan siquiera pijama. No me di cuenta hasta que llegué a la parada de autobús, pero pasé de volver a casa porque tardé una eternidad en llegar allí, al estar el suelo muy nevado y resbaladizo. Después de un par de amagos de caídas, decidí caminar muy despacio para evitar accidentes y con ese modo de andar más propio de Chiquito, los tres minutos habituales aumentaron considerablemente.
Andaba yo pensando en mi despiste de la ropa cuando cometí otro: me monté en el autobús en el sentido equivocado (en mi defensa tengo que decir que esa línea hace un recorrido extraño y para ir al sur de la ciudad hay que cogerlo en dirección norte). Me bajé en la siguiente parada sintiendo que todo el mundo me miraba por ser tan pardillo de coger el autobús solamente para una parada, y volví a coger otro en el sentido correcto (al menos me lo consideraron transbordo).
La principal conclusión de esta historia es que ya no podré decir que nunca me he vestido de mujer, pero es que hacía mucho frío y no se podía dormir sin pijama...
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1 comentario:
Y estaba monismo oiga, con su pijamita azul cielo, jajaja
Al principio no queria ponerselo, hasta que se dio cuenta de que o se lo ponia o podia morir pajarito
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