La segunda de mis excursiones durante mi viaje por China fue a Hangzhou. Esta ciudad es famosa por su lago, que dicen encandiló a ilustres personajes como a Marco Polo, y está abarrotada de turistas chinos. La verdad es que el lago no me pareció nada espectacular, pero fue un día agradable.
Cuando llegué a la estación intenté buscar un taxi, pero no lo encontré. Lo único que pude encontrar fue un pequeño vehículo alternativo. Fue muy difícil explicar al conductor que quería ir al lago. En mi guía no venía la traducción al chino (un gran fallo), así que le señalé el mapa de la ciudad, y en concreto una zona azul en el centro, que lógicamente representaba al lago. Pues el tipo era tan poco espabilado que no se entraba, lo que es increíble porque es el gran punto turístico que tiene la ciudad. Fue toda una experiencia por lo agresivo que conducen y porque estos vehículos se permiten circular en dirección contraria por un lateral de la calle. Me costó 5 veces de lo que cuesta un taxi en China, que sigue siendo barato pero, como no me gusta que me engañen, me tomé el gasto de decirle al conductor en chino que era demasiado caro.
Hangzhou es una ciudad pequeña, que mantiene hasta cierto punto su arquitectura tradicional. Sin embargo, en China las ciudades pequeñas pueden tener 8 millones de habitantes. Al igual que en Suzhou, me fue imposible encontrar un taxi, así que cuando llegó la hora de regresar mi solución fue dirigirme en línea recta hacia el este hasta que tropezara con las vías del tren y, entonces, seguirlas hasta la estación. Mucho más sencillo de lo esperado.
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