Después de mucho tiempo sin hacerlo, el pasado domingo volvimos a ir de excursión. El primer destino, después de la parada de rigor para desayunar magdalenas, fue Jaca, donde hay una pista de hielo principalmente utilizada para patinaje. La gran impulsora del plan fue Noe, y ni Francis ni yo estábamos muy convencidos. Y mucho menos lo estuvimos cuando la entrada indicaba claramente que no incluía seguro médico: el desastre era mucho más habitual de lo que esperábamos.
Para ser la primera vez que patinaba en toda mi vida no salió mal: no me caí ninguna vez al suelo y es mucho más de lo que esperaba. Otra cosa es que haya aprendido a tomar impulso y deslizarme, porque lo mío era más bien andar sobre patines...
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