martes, 1 de septiembre de 2009

Tras el Telón de Acero (IV): Hungría

La última entrega de este viaje se dedica a Hungría, un país en el que te intentan timar constantemente. Dicen que los húngaron colarnos en el tranvía sin pagar). son los europeos del Este que más se parecen a los europeos... y se nota. En los restaurantes muchas veces se hacen los suecos a la hora de darte la vuelta y, cuando llega, con mucha frecuencia no es correcta. Incluso llegó a timarnos una máquina automática de venta de billetes para el tranporte público, que después de meter el dinero no nos sacó los billetes ni nos devolvió la pasta (como medida de protesta nos pareció justo colarnos un día en el tranvía sin pagar). Avisados estáis.

Dicho esto, Budapest, formada tras la unión de la ciudades Buda y Pest, es una de las grandes capitales de Europa con muchísimas cosas chulas que ver.

Puente de las Cadenas y, al fondo, Parlamento

Basílica de San Esteban

Plaza de los Héroes

Castillo de Buda


El alojamiento que encontramos fue bastante curioso, en casa de una señora que tiene una casa de invitados (Helena guesthouse). El precio era de ¡8 euros! por persona y noche, pero además cuando estábamos en Polonia nos escribió para decirnos que nos rebajaba a ¡5 euros! porque se había estropeado el agua caliente (a esas alturas no era plan de buscarse alojamiento alternativo introduciendo el número de tarjeta en algún ordenador desconocido). La mujer era simpatiquísima, pero todo un personaje. Era mayor y chapurreaba inglés como podía. La noche que llegamos cogió un mapa de la ciudad y empezó a señalar puntos de interés mientras decía en todos ellos "you go here... you like it". Después nos explicó que el dormitorio era compartido ("sometimes boys like girls... girls like boys... this is not possible here") pero que también tenía apartamentos privados para otra ocasión (15 euros por persona y noche, ojalá lo hubiéramos sabido antes). Pero lo mejor era cuando entrabas en la casa te la encontrabas roncando como una bendita en el recibidor.

Bastión de los Pescadores

Puente de la Libertad


Una de las cosas que no se pueden dejar de hacer en la ciudad es visitar alguno de los muchos baños que tienen, la mayoría desde la época de dominio turco. Ideal para pasar una tarde de relax o, mejor dicho (en la capital del porno, podía conducir a equívocos), de tranquilidad. Como anécdota, me dieron una taquilla para dejar mis cosas y no recordaba exactamente el número, solamente sabía que era uno de los números de Lost.

Baños de Géllert, donde el anuncio de los cuerpos Danone


También hubo tiempo para hacer una escapada de un día al Lago Balaton, concretamente a Balatonfüred. Parece que aquello es el paraíso de los alemanes, porque no hablaban inglés y nos salvó el reducido conocimiento de la lengua teutona. Fue un poco extraño tener que pagar por entrar en una playa (todas las que encontramos eran privadas), pero pasamos un día de lo más agradable.

El paraíso de los patólogos (que estudien los patos)


Para los muchos que dudan de mi generosidad, alquilamos un Ferrari para movernos por allí.

El tobogán resbalaba lo justo

No hay comentarios: