lunes, 31 de agosto de 2009

Tras el Telón de Acero (III): Eslovaquia

Para salir de Polonia intentamos comprar billetes en el nocturno Cracovia - Bratislava, pero como lo dejamos para última hora, nos dijeron que no quedaban plazas. Lo cierto es que tenemos serias dudas de que ese tren viajara realmente, pero en fin. La alternativa que nos ofrecieron era viajar vía Košice (Eslovaquia), lo que atrasaba unas cinco horas nuestra hora de llegada. Sin embargo, gracias a nuestros conocimientos geográfico-ferroviarios (sobre todo de Noe) improvisamos un viaje vía Viena (Austria). De esta manera, tuvimos veinticuatro horas más locas de lo habitual, que incluyeron acostarse en Polonia, despertarse (en el tren) en la República Checa, desayunar en Austria, almorzar en Eslovaquia y cenar en Hungría. Por cierto, este tren nocturno también se retrasó (aproximadamente una hora).

El desayuno en Viena fue a base de Apfelstrudel (tarta de manzana) y Sachertorte (Tarta Sacher) y, para una vez que me ofrecí a invitar al desayuno, estuve a punto de hacer un simpa involuntario. Cuando terminamos de comer, recogí mis bártulos, me dispuse a marcharme despediéndome en alemán de la camarera y entonces ella me entregó el ticket (ya se sabe, la costumbre de pagar al recoger la consumición en Polonia...)

Típico desayuno vienés


En otros tiempos cruzar el Telón de Acero hacia el capital eslovaca hubiera sido un mundo, pero hoy en día se llega en muy poco tiempo (hora y algo). Hubo un pequeño momento tensión porque media hora antes de la hora de llegada prevista estábamos en una estación que llevaba el nombre de Bratislava y no sabíamos si bajar o no (resultó ser una estación anterior a la central). Una vez en Bratislava, que por cierto es una ciudad baratísima, Noe se empeñó en que quería ver el edificio de un albergue, con colores muy bonitos según las fotos. El caso es que me obligó a preguntar en la oficina de información: "estaba buscando un albergue que la fachada es muy bonita, con muchos colorines...". El rato de vergüenza funcionó, y como suele pasar en estos casos, la visita no era para tanto.

Hostel Spirit

La ciudad se visita muy rápidamente, ya que básicamente tiene un castillo en obras y un centro histórico con unas pocas calles bonitas.

Plaza principal

Puerta de Miguel, entrada medieval a la ciudad


Supuestamente desde lo alto del castillo hay unas vistas bonitas del casco antiguo, pero como todo estaba en obras no pudimos acceder al mirador y tuvimos que conformarnos con mirar la parte nueva de la ciudad, con un espectacular puente.

Puente de la época comunista


Como curiosidad, el centro está lleno de estatuas modernas en los lugares más insospechados.

Paparazzo (o turista japonés, quién sabe)

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