Ayer fuimos al Ikea a comprar algunas cosas para el nuevo piso. Muy bueno, por cierto, el menú del restaurante, por recomendación de Zel. Después, tocaba ir al Carrefour a hacer la compra de la semana. Como nos entretuvimos demasiado en la sección de edredones, decidimos ir al segundo Carrefour de la ciudad, en el gigante centro comercial Augusta, que pillaba de camino. Siempre digo que soy tan heavy que cuando voy al Carrefour, no puedo salir del coche hasta que termina el solo de guitarra. Esta vez, teníamos como distracción adicional una interesante discusión sobre el tamaño de un aparcamiento que yo había rechazado unos metros antes.
El caso es que después de hacer e intentar volver al coche nos dimos cuenta de que el centro comercial era de tal tamaño que había dos aparcamientos (azul y rojo), con dos pisos cada uno. Y por supuesto, no teníamos ni idea de dónde había dejado el coche, que no permite abrirlo a distancia para que se enciendan las luces e indiquen su posición.
Decidimos el algoritmo heurístico de decisión del pito pito gorgorito, y nuestro experimento confirmó la la ley de Murphy al elegir erróneamente el aparcamiento azul. Después de recorrer los dos pisos varias veces, Noe se quedó sentada mientras yo iba andando a estudiar el camino que realizan las coches al entrar para tratar de reproducir nuestros movimientos. Esto no sirvió de nada, porque es posible (como parece lógico) entrar por los dos aparcamientos, pero habíamos dado tantas vueltas que decídimos probar en el aparcamiento rojo y, ahí sí, lo encontramos a la primera (a esas horas ya tampoco quedaban muchos coches). Supongo que ya no se me olvidará en la vida: aparcamiento rojo, planta 0, sector O, fila S, plaza 28.
domingo, 4 de octubre de 2009
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