Lo primero que hice el miércoles al llegar a Granada fue irme... al pueblo. Mi madre quería que la llevara al pueblo, para que ella viera la Semana Santa, y que yo me volviera, para ir de vez en cuando a ver a mi abuela. Creo mi madre no ha visto demasiadas procesiones entre las que no tenían previsto salir este año y las que se han cancelado por la lluvia, pero bueno, yo aproveché para asistir esa noche al cumpleaños de mi amigo Emilio (en el pueblo). Como siempre, mi madre organiza estos viajes a última hora, por lo que yo ya tenía billetes de tren y autobús para no bajar a Granada en coche, así que tuvimos que hacer el viaje en el coche de mi hermano. Para el que no lo sepa, el Peryot pasó a mejor vida y hace unos meses compramos un Hyundai i20, que por cierto yo no había visto hasta ayer.
Nos montamos en el coche, fuimos a la gasolinera a llenar el depósito. El primer contratiempo: intenté sacar la llave sin éxito; después de varios intentos en los que arranqué y apagué el motor varias veces, desistí y pensé que ya la sacaría en el pueblo. Eso sí, mi madre insistió en salir del coche mientras echaba gasoil por si acaso aquello salía ardiendo, lo que le permitió contemplar desde una posición privilegiada el segundo contratiempo: no podía abrir el depósito. Tiré de una palanca como me había explicado mi hermano, pero en vez del depósito lo que se abrió fue el capó. En esos momentos, una patrulla de la policía entró a repostar y me di cuenta de que era evidente que yo no había conducido antes ese coche, y que probablemente parecía que lo había robado. Y entonces me di cuenta de que mi carné se había quedado en Zaragoza, lo que agravaría aún más la situación. Por fortuna, encontré una segunda palanca, pude finalizar la operación sin más problemas, y nadie me pidió los papeles. Al llegar al pueblo, le conté a Emilio la historia y me llamó inútil por no saber quitar la llave. Le reté a hacerlo a él mismo y sacó la llave en medio segundo. Después me contó que él tiene otro Hyundai y ya me contó el truco.
Por lo demás, bien por el pueblo (demasiadas bodas a la vista), muy chulo el coche, y toda una delicia conducirlo, tan nuevo como está, mientras escuchaba a toda cebolla canciones de Platero y tú que casi había olvidado. Por lo menos en cuanto a gusto musical aún se puede confiar en mi hermano.
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