Nara es una ciudad poco conocida de Japón que supone una excursión clásica desde Kioto. La zona más interesante es un parque con templos y otros monumentos con la peculiaridad de que hay muchos ciervos sueltos en la zona. Se pueden comprar galletas para alimentarnos y en cuanto las huelen se vuelven locos y te acosan para intentar obtener algo de comida. A Noe le mordió uno en el culo y a mí no faltó demasiado.
No tienen ningún miedo a los humanos y eso hace que a veces puedan encontrarte estampas particulares en las tiendas de souvenirs.
Otro aspecto característico de Japón son los sofisticados retretes, con un mando que permite accionar la propulsión de un chorro teóricamente limpiador de agua, pudiéndose elegir diferentes temperaturas y presiones.
También es habitual que esté situado el lavabo encima del inodoro, de manera que al tirar de la cisterna, el agua pasa antes por el grifo del lavabo. Es una idea ingeniosa para ahorrar agua, a no ser que pretendas lavarte los dientes y necesites vaciar la cisterna en varias ocasiones.
Una de las mejores experiencias en el país napón es ir a un bar de gatos. Se trata de establecimientos donde puedes tomar una bebida mientras acaricias gatos, juegas con ellos, etc.
A los estresados y faltos de cariño japoneses les encanta y yo como gran fan de los gatos tenía que probarlo, si bien los felinos están hasta los hocicos de ser manoseados y pasan bastante de los mimos que les ofrecen los humanos.
Por supuesto tienen una carta de gatos donde explican el nombre de cada uno de los presentes, su raza, edad y algunos rasgos de su carácter que por otra parte son totalmente inútiles cuando se pretende ganar su atención.
Cambiamos de tercio por un momento y nos vamos a China. Allí presenciamos un invento que ya ha llegado a España y que seguro que hace furor: un paraguas sin mango que se sujeta con la cabeza y que permite tener las manos libres.
China está llena de turistas chinos. Algunos de ellos son de zonas rurales y prácticamente nunca han visto un "occidental" en su vida, así que te piden que te fotografíes con ellos o con sus hijos.
El último bloque de esta entrada se centrará en aspectos gastronómicos. Primero, presentar una cadena española de churros que está triunfando en Beijing.
La capital china es conocida por tener algunos mercados externos en los que pueden degustarse animales exóticos como escorpiones, serpientes, estrellas de mar, gusanos de seda o insectos varios. No, no nos atrevimos.
Pero la principal especialidad pequinesa es el pato laqueado (¡hay que probarlo!), que los camareros trinchan delante de los comensales.
El pato se sirve con verduras, salsas y tortitas. Se forman pequeños crepes con la carne y las verduras mojadas en salsa, se atrapan con los palillos como buenamente se puede y se toman. Los camareros también sacan un caldo con las sobras y sacan los huesos para chuparlos.
Y por último, volvemos a desplazarnos a Japón. En España, suele estar limitado a salmón y atún, pero allí se puede encontrar una enorme variedad de sushis. En la foto hay anguila (deliciosa) y pasta de erizo de mar (uno de mis favoritos).
En la modernísima Tokio existen restaurantes donde se hace el pedido en una máquina expendedora y después se entrega el recibo al camarero.
En Oriente es habitual que los restaurantes tengan reproducciones de plástico de los platos de la carta, ya que a los locales les gusta hacerse una idea precisa de lo que se van a encontrar. Como es normal, también hay tiendas en las que venden esas reproducciones para que las puedan comprar los restaurantes y ya de paso tienen también artículos decorativos o de interés turístico, como relojes de sushi.

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