lunes, 8 de septiembre de 2008

Aragorn

Desayuno en Hondarribia. Nuestra amiga cometortas se volvió a sentar con nosotros, pero esta vez fuimos más rápidos que ella y no le dejamos que se comiera todo lo que sobraba. Y por fin partimos hacia Aragón. Queríamos parar en una gasolinera a comprar la prensa local, para ver si se comentaba algo del accidente del concierto de la noche anterior, pero Guipúzcoa es tan pequeña que cuando nos dimos cuenta estábamos ya en Navarra (aún así lo encontramos allí). Atravesar Navarra sale por un pico debido a los peajes. A la hora de comer estábamos en nuestro primer destino del día.

Estuvimos en Zaragoza pero no fuimos a la Expo. La cambiamos por la Basílica del Pilar, un paseo por el centro, atravesar un barrio chungo con todos mis acompañantes (y el guía un poco) acojonados y el Palacio de la Aljafería (de estilo árabe, muy chulo, pero para un granadino...).


El Pilar visto desde el puente de piedra sobre el Ebro


Entre la Expo y que era en pleno puente de agosto, fue imposible encontrar un alojamiento decente en Zaragoza, así que reservamos en el albergue del pueblo de Fuendetodos. Desde que se coge el desvío de la autovía hay unos veinte kilómetros de una carretera realmente mala. Una vez llegados al pueblo, teníamos que telefonear a la dueña del albergue (porque no tiene recepción) para que nos diera las llaves. La señora mandó a su hija (menor de edad), acompañada de un amigo y un perro. La chica nos dio las llaves y nos explicó todo con mucha amabilidad. Aún más, desde nuestra habitación se podía acceder a otra y como vio que éramos dos chicos y dos chicas nos dijo que podíamos dormir como y donde quisiéramos. Después se fue, y nosotros y una familia de cuatro personas tuvimos el albergue para nosotros solos. Ni siquiera vimos a la dueña para devolverle la llave, sino que la dejamos en el bar del pueblo.

Pero a esas horas (alrededor de las once de la noche) la chica nos dijo que no podíamos comer nada en el pueblo, tampoco en el de al lado, que estaban en fiestas, y que nos fuéramos a otro algo más lejano. La carretera era mejor, llena de larguísimas rectas y muy solitaria. En una de esas rectas se nos cruzó un bicho que no había visto en mi vida y que resultó ser un tejón. Ahora los bajos del coche son realmente bajos, pero el bicho salió ileso sin perder una gota de sangre. Cenamos en Belchite, en un pequeño bar de pueblo con posiblemente los camareros más amables de la historia. Y unas hamburguesas que ciertamente llegaban hasta Hamburgo. Y después volvimos al albergue, que muy limpio no estaba: las paredes de la habitación estaban llenas de insectos aplastados.

A la mañana siguiente dimos un paseíto por el pueblo, que era tranquilo y boniquillo. Vimos por fuera la casa natal de Goya (que no es la prima de Goyo González), y ni allí había turistas (claro que era bastante temprano).


Lo crean o no, es la casa natal de Goya


Devolvimos la llave del albergue y el camarero nos recomendó que nos fuéramos a otro pueblo a desayunar porque él sólo tenía para ofrecernos café y magdalenas. Eso hicimos, pero entonces ocurrió el milagro: me equivoqué. Sí, señores, aunque no había precedente, por fin sucedió. Volvimos innecesariamente por la carretera que habíamos venido y el resultado fue que desayunamos después de las doce del mediodía. Paré en un pueblo ante la ausencia absoluta de áreas de servicio. El bar con peor pinta del mundo, sólo tenían cañas para desayunar. Todos las pedimos de chocolate menos J. Craso error, porque esas cañas no las pide nadie y resultó estar caducada xDD


La foto tomada en agosto de 2008


Seguimos hasta Teruel y comimos allí de raciones, a destacar el jamón con denominación de origen y los huevos rotos. Esa gran desconocida que es Teruel está chula, tiene varias torres de iglesia de estilo mudéjar muy bonitas, una escalinata también neomudéjar, la catedral (con un artesonado que se considera la Capilla Sixtina de ¿adivinan que estilo?) y el mauselo de los amantes de Teruel (tonto ella, tonto él, como Ana Obregón y su novio) en el que no entramos porque el precio nos pareció abusivo.


Una de las torres de la capital del mudéjar


Escalinata, con muchísimas escaleras más


Salimos para Cuenca, un trayecto relativamente largo para lo cerca que se ven en el mapa. Paramos a mitad de camino, en una cafetería en la que no había nadie en la barra, y lo único que oímos fue una especie de silbido de un loro. Y resultó que el pueblo se llamaba Pajaroncillo. Cuando la camarera se dignó a salir, pedimos unos cafés que tomábamos mientras veíamos cine de barrio, una película muy graciosa (por la vergüenza ajena que irradiaba) sobre una pareja de chulos madrileños. Poco después llegamos, pero el lector avispado habrá que notado que Cuenca no está en Aragón, y por lo tanto continuaremos en la próxima entrada :)


"Teruel existe, Teruel resiste"
(Amenazha, Teruel resiste)

1 comentario:

Iker Hernandez dijo...

Y que casualidad que un mes despues de esa "excursion" vayas a conocer mucho mejor de lo que pensabas aragon, eso si, no te vayas a vivir al barrio chungo eh?? que es el bronx como dice nutel :)