Ayer estuve de papeleo. Paré en un locutorio a hacer unas fotocopias y entró una señora mayor, con un sombrero y un maquillaje azulón alrededor de los ojos que parecía más propio de un payaso. Preguntó cómo tenía que llamar con número privado, de una manera tan extraña que la señorita que atendía no supo darle una respuesta, y me preguntó si yo sabía algo. Tenía varios códigos y no sabía cómo usarlos. Yo le dije que marcara el código y luego el número. Me contestó que le iban dado un montón de opciones, pero que "la que mejor le iba era marcar el teléfono con uno". Sacó un papel con más números que el dormitorio del Russel Crowe en "Una mente maravillosa"; números en todas las direcciones y decía que eran códigos.
Necesitaba llamar con número privado porque el receptor era una persona muy importante. Multimillonario y muy ocupado, todo explicado con muchos ejemplos de la trascendencia de ese misterioso personaje. Decía que ella no quería ser descubierta, a pesar de tener dos "chis" en el bolso que podían comprometerla. Que su desnudo le iba a salir caro a él, , que está enamorado de ella y quiere publicar unos fotos de ella desnuda cuando era joven; yo me preguntaba si entonces había nacido Daguerre. Y claro, ella no podía contarle su acoso a su familia.
Aprovechando un momento en el que su lengua se tomó un respiró, pregunté una dirección a la del locutorio. La chica conocía la ciudad peor que yo, y la señora mayor tomó partido, intentando explicarme cómo llegar a pie, en autobús y casi en el metro que aún no existe. Nunca parecía muy convencida de que yo lo hubiera comprendido y seguía dando más y más explicaciones. De repente soltó una frase mítica ("junto al castillo de la Aljafería, ¿usted sabe lo que es un castillo?") que me hizo darme cuenta de que debía salir de allí por patas, aunque ella hasta se ofreció a acompañarme.
Pero antes tenía que preguntarme de dónde era. Le dije que andaluz, y ella aseguró ser "de Francia, familiar de los de Mónaco-Monaco", con cierto parentesco con Carolina. Lo siento pero me perdí en la explicación. Todo ello pronunciando las erres más que un ruso recitando el trabalenguas del perro de San Roque, así que gabacha seguro que no era.
Al siguiente descanso de su lengua, salí poco menos que corriendo. Intentó retomar la conversación y masculló algo, pero a la distancia que estaba ya no escuché nada, me di la vuelta, dije que sí por si acaso, sonreí y aceleré el paso...
viernes, 26 de septiembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario