El primer destino fue Albarracín, que está considerado con justicia uno de los pueblos más bonitos y auténticos de España. Es una delicia pasear por sus calles tan bien conservadas.
Después de echar el día allí, nos acercamos rápidamente a Villaspesa, un pueblo desconocido que me recomendó el Señor Fritangas por su iglesia modernista. Lamentablemente estaban de fiestas y nos encontramos la iglesia cerrada; probablemente el párroco decidió cerrarla para que ningún joven borracho usara el confesionario como urinario.

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