Tengo siempre tantas cosas que hacer que aún no he tenido tiempo de instalar en el ordenador de mi despacho todo lo que necesito. Por ello, sigo usando mi portátil para trabajar: todos los días tengo que llevarlo al trabajo y después lo devuelvo a casa (es un elemento importante en mi tiempo de ocio). Vivo a unos veinte minutos del trabajo y solía venir andando, pero desde que ha llegado el calor voy en coche, pues de lo contrario llego hecho un Camacho debido a la mochila del portátil.
Ayer había quedado con Noe para ir al cine. Dado lo difícil de aparcar por la zona, decidí ir en autobús y, para no tener que cargar toda la noche con el portátil, que durmiera esa noche en despacho. Llegué con media hora de antelación y llamé a Noe. Ella iba a recoger el portátil de una tienda donde lo había dejado para que le hicieran un par de cosas (al portátil) y llevaba bastante dinero para pagarlo. En ese momento se dio cuenta de que no tenía la cartera, así que se fue sin recoger el ordenador. El plan se cancelaba y quedamos en su casa para ver si por casualidad se había olvidado la cartera allí. No fue así, y era la segunda vez en lo que llevamos de año (ya pasó en Valencia).
Nos tocó ir al banco a buscar el número de teléfono para cancelar la tarjeta de crédito (sin ordenador no teníamos acceso a Internet). El número, por cierto, es un 902, que tiene tela. Una vez cancelada y mientras íbamos a la comisaría a denunciar el robo, la llamaron por teléfono de la tienda de informática: la cartera estaba encima de la mesa. La había sacado mientras buscaba un resguardo, entre todos los presentes no habían podido encontrarla cuando Noe se dio cuenta de que la había perdido, pero de repente la cartera apareció allí. Así que fuimos a por ella, recogimos el ordenador y nos fuimos a cenar por ahí, pues no era hora ya para la película.
Como terminamos pronto, me lamenté de no tener ordenador en casa y no poder ver un capítulo de Perdidos al volver. La opción era ir a su casa y verlo allí, aprovechando que de nuevo tenía portátil, pero como los autobuses finalizan su recorrido temprano, no podría volver a casa. Entonces se me ocurrió una idea absurda que demuestra lo enganchado que estoy: ir en autobús a mi casa, coger el coche, ir a casa de Noe y ver allí un capítulo.
Y fue solamente entonces cuando me acordé de que no estaba en mi cochera sino ¡¡que me había dejado olvidado el coche en el trabajo desde que lo aparqué por la mañana!!
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2 comentarios:
Estás fatal... si ya te lo dije yo, nunca te había oido blasfemar tanto que cuando no funcionaba la página para ver perdidos! por eso yo no lo veo, no quiero convertirme en una enganchá!
Hey tía, que yo controlo...
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