La noche iba bien. Preparé la cena y me salió mejor de lo esperado, o eso me dijeron. Vimos un par de capítulos de Perdidos (veinte días después, ya he terminado la segunda temporada). Pero llegó la hora de la despedida y, con ella, de llevar a Noe a su casa.
Al regresar yo solo, la puerta de la cochera no se abría. Era casi la una de la mañana y nadie entró ni salió en el buen rato que he estado esperando. Una vecina me espiaba de la ventana preocupada al verme tanto rato detenido en mitad de la rampa. No fue fácil salir de ella en marcha atrás. El caso es que esta noche el coche duerme en la calle, y mañana ya trataremos de solucionarlo.
Sin exagerar, no creo que haya nadie en el mundo que tenga más problemas que yo con las puertas de las cocheras.
miércoles, 8 de julio de 2009
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