La semana pasada estuve en
Lisboa por motivos laborales. Hace un par de años estuve allí de visita turística y tuve ocasión de probar en un restaurante muy guay un plato que me encantó:
bacalhau à natas (bacalao con nata). El pasado miércoles saqué del fondo de mi memoria mis vagos recuerdos sobre la localización del sitio y fui capaz de encontrarlo. Para la próxima vez, ya sé que se llama
Porto de abrigo. Por desgracia, me quedé con las ganas puesto que en la carta (al menos en la de la cena) ya no figuraba ese plato. Aún así, comí otro estupendo plato de bacalao y sigo recomendando el lugar: el típico restaurante que, literalmente, no podrás olvidar. Además, tuve suerte y, un par de días después y cuando ya no lo esperaba, tuve la oportunidad de encontrar otro lugar donde comer bacalhau a natas.

Para comer el bacalao tuve que ir de excursión a
Sintra, ciudad Patrimonio de la Humanidad por sus numerosos palacios, castillo y demás patrimonio histórico y cultural. El
castelo dos Mouros bien merece una visita, por las vistas desde el paseo sobre las murallas.

El lugar más conocido es el
Palácio da Pena, de estilo romántico, con una fusión de estilos única. Como curiosidad, se asciende a través de una carretera de mala muerte empinada, mal asfaltada y plagada de curvas, decorada con un cartel bastante apropriado que anuncia que la
"Calçada da Pena".

Se trata de un palacio de verano para los reyes lusos en el siglo XIX, que da que pensar acerca del tiempo de ocio de Sus Majestades y que parece reafirmar algunas viejas teorías sobre monarcas y motocicletas...

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