domingo, 21 de marzo de 2010

De nuevo, Tenerife

La pasada semana estuvimos unos días de viaje en Tenerife, aprovechando la festividad en mi centro del Día de San José (San Pepe, como se llama aquí, es el patrón de la escuela de ingenieros) y debido a que a Noe la han obligado desde el trabajo a cogerse unos días de vacaciones antes de agosto, y no nos quedaban otras fechas para disfrutarlas juntos.

Su islita, que tan bien conoce es un lugar chulísimo, pero no quiero aburrir al personal con la lista de sitios visitados (o revisitados). Solamente comentaré un par de curiosidades y un lugar. Noe vivió un año en Tenerife y allí hizo dos buenas amigas alemanas que estaban de Erasmus. Estuvimos incluso mirando vuelos para viajar a Berlín y visitarlas. Después, cuando ella anunció un Facebook el viaje, resultó que una de ellas estaba allí de vacaciones, y pudimos coincidir. La primera que las dos vuelven a la isla en casi dos años y coinciden, ¡menuda casualidad!

Me pareció muy gracioso ver (en Candelaria) las estatuas de los reyes guanches, e imaginarlos con el culo al aire.

¿Alguien respetaría a los Borbones si fueran de esa guisa?

De lo poco que me faltaba por ver de Tenerife y conocí en esta ocasión, lo mejor fue el Barranco de Masca: un recorrido de unas tres horas por un sendero por el fondo de un impresionante barranco que termina en el mar, en una pequeña calita en la que no hay nada de nada y desde la cual solamente se puede salir en barco (o ascendiendo el barranco). Fui convenientemente equipado para la ocasión, y no me salieron agujetas en las rodillas, pero sí un callo en el dedo.





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