martes, 27 de abril de 2010

Más sobre el manicomio

Anoche organicé una visita relámpago a Zaragoza para el próximo finde. Una locura que entre otras muchas cosas supone que el sábado tengo que a estar a las 5 y pico de la mañana en el aeropuerto. A esas horas ni hablamos de encontrar un taxi (ya es difícil encontrarlo a las doce del mediodía), así que pensaba ir en bici pero esta mañana he descubierto que, en el día 16, se ha pinchado una rueda de mi bicicleta. Mañana la llevaré a arreglar, pero creo que el sábado tendré que ir andando al aeropuerto (solamente es una hora de camino desde mi casa).

Y, cambiado de tema, en casa continúa el cúmulo de despropósitos. Un par de mañanas he visto a Alice durmiendo en el salón. Me parece bien raro, pero probablemente no podía dormir con los ronquidos de Tano. Sin embargo, este fin de semana Alice se ha ido de viaje (aún no ha vuelto) y ayer fue Tano el que dormía en el salón a las nueve de la mañana, con la luz encendida por cierto.

Anoche llamaron al timbre después de las 10 de la noche. Las holandeses venían ¡a poner una lavadora! Es habitual que se duchen en casa, pero este paso no lo esperaba. No fue posible que lo hicieran, porque hay unos vecinos puñeteros que se quejan si ponemos lavadoras de noche (en caso de necesidad programamos la lavadora a las 6 de la mañana, cuando te levantas ha terminado, y extrañamente nadie se queja).

También llamaron de madrugada al portero automático. Yo no me levanté a abrir, porque esperaba que fueran los holandeses y no sabría que decirles. Subid, emborrachaos en el salón si queréis pero yo me vuelvo a la cama. Finalmente fue Bibbiana la que se levantó, mientras gritaba todo tipo de blasfemias. No me he enterado del final de la historia, pero a casa no subió nadie (que yo sepa).

Bibbiana por cierto se pela a sí misma para ahorrar dinero. Se ha hecho un estropicio absoluto porque dice que estaba nerviosa, pero que le da igual porque cuando sale de casa lleva sombrero. Me lo contó mientras se fumaba un porro en la cocina junto a Carlota, que ahora trabaja la friolera de seis horas a la semana. El término porro se considera a veces un préstamo lingüístico del catalán. En mi cocina me enteré de que porro se dice canna (por la forma de caña) en italiano. De ahí pasó al catalán canya. Siempre se ha conjeturado sobre los beneficios de las drogas para los intercambios lingüísticos, aquí teneis una prueba.

Por último, en mi cuarto hay un timbre que suena cuando llaman por teléfono. Parecería raro en cualquier casa normal, pero no en una donde cuando se enciende la luz del pasillo suena otro timbre. Nadie me dijo nada, simplemente me desperté una noche cuando llamaron por teléfono. Entiendo que es cómodo para Alice y Tano, que duermen lejos del teléfono del salón y cerca de mi cuarto. Si hubiera ido a hablar con ellos me hubieran pedido porfa please recubierto de nata que aguantara el timbre, así que no dije nada, y he intentado hackearlo. Lo he abierto, quité un cable y dejó de sonar el timbre pero porque dejó de haber línea telefónica. Finalmente lo dejé en su posición inicial, pero continuaré estudiando cómo funciona este aparatejo diabólico...

5 comentarios:

Azalea dijo...

Yo si sabia que porro en italiano se dice canna, jejeje. Y no porque precisamente me haya fumado muchos :P

superfluo dijo...

No me sorprende con las amistades que tienes... :P

Alberto dijo...

Solo se me ocurre una palabra que decir: ÁNIMO!

superfluo dijo...

Jeje, gracias. No se está mal, desde luego uno se aburre :)

ponxis dijo...

jo! esto cada vez me parece mas divertido! me meo yo sola imaginandome lo que escribes ;) mola mola :p