miércoles, 7 de septiembre de 2011

Finlandia

Pasamos 3 días en Finlandia: uno en Helsinki, otro de viaje a la región de los lagos, con noche allí, y otro de regreso a Helsinki, desde donde saldríamos a Estonia el próximo día. Debido a las particularidades de nuestro itinerario, estuvimos 2 noches no consecutivas (días 18 y 20) en el albergue situado dentro del Estadio Olímpico. Por cierto, los finlandeses también tienen su picaresca a la hora de evitar pagar por los espectáculos deportivos.


Helsinki no es una ciudad bonita, así que en un día nos tiempo de sobra. Si alguna vez quieres ir como escala a algún destino más interesante, conviene tener muy claro cuáles son las pocas cosas que merecen la pena: una de ellas es la "rock church", que no es la alternativa rockera a las misas con góspel, sino una iglesia excavada en la roca.


Lo que realmente nos interesaba de Finlandia era la región de los lagos y, en particular, Savonlinna, que goza de una excelente fama. Ante las dificultades para encontrar alojamiento allí, decidimos alojarnos a unos 25 km de la ciudad, por lo que no nos quedó más remedio que movernos en un coche de alquiler. Al final nos alegramos porque nos permitió conocer mejor la región y porque la estación de tren de Savonlinna es un escenario perfecto para una película de terror. Eso sí, el capricho hubo que pagarlo bien.

Monumento a Sibelius

Desde España ya habíamos reservado un vehículo con la compañía más barata que encontramos (Europcar), y que aún así no era nada barata: 180 euros día y medio. Una vez allí, nos preguntaron si queríamos contratar un seguro adicional, yo dije que no, pero el empleado marcó que sí en el contrato. En España hubiera mirado con lupa el cambio realizado, pero cometí el grave error de confiar en la honorabilidad de los nórdicos y firmé sin prestar atención a la parte del seguro extra. Uno no habla un inglés perfecto, pero mis "no" son inconfundibles. Además, me cargaron en la tarjeta de crédito un depósito de 400 euros, y cuando devolviéramos el coche y comprobaran que estaba bien todo, nos cargarían el importe correcto y nos enviarían la factura por email. Si al firmar el contrato me hubieran cobrado los 250 en vez de los 400, me habría dado cuenta a tiempo de arreglarlo, pero descubrimos el timo del seguro cuando ya estábamos en Estonia y recibí el email con la factura.

Catedral luterana de Helsinki

En nuestro camino a Savonlinna, a unas 4-5 horas de camino, hicimos una parada técnica para almozar en un sitio rarísimo, que además ser una cafetería vendía artículos para el jardín como fuentes o enanitos. No hablaban inglés, lo que es una constante en Finlandia (digan lo que digan) y comimos unos sandwiches de los que comen los finlandeses auténticos, como mínimo bastante extraños. Nos pareció un poco atemorizador, pero la sensación solamente duró hasta llegar al albergue de Savonlinna.

Catedral ortodoxa de Helsinki

Para evitar críticas por meterme en sitios raros, aclaro que es una villa de estilo italiano que se alquila para celebrar bodas. Estaba, como ya dije, a unos 25 km de Savonlinna, en mitad del bosque, en medio de la nada. Al llegar, nos recibió una señora que no hablaba una palabra de inglés. Me señaló una libreta en la que estaba escrito mi nombre, asentí y me pasó el teléfono. Eso asusta un poco, porque, aunque absurdo, te hace pensar que igual te llaman de casa porque ha pasado algo. Sin embargo, un señor me preguntó a qué hora queríamos el desayuno, contesté que a las 9, la señora nos dio las llaves, se fue y nos quedamos solos en un albergue grande. Nos sentimos como en el hotel de "El resplandor", por el pasillo larguísimo parecía que en cualquier momento iba a salir el niño con el triciclo. De hecho, a la mañana siguiente no pude evitar escribir en el espejo, empañado tras la ducha, la palabra "Redrum".

El albergue raruno

Llegamos al albergue a media tarde, dejamos las cosas y nos fuimos a ver Savonlinna. Al volver, la llave no abría la puerta del albergue y no había nadie dentro. Llamé al teléfono de incidencias del albergue y nadie lo cogió, sino que saltó un contestador con un mensaje en finlandés. Mientras tanto, Noe consiguió abrir la puerta después de mucho probar con la llave. Cuando acabábamos de entrar, la mujer del albergue apareció por allí, pensando que estaríamos fuera todavía, pero no fuimos capaces de explicarle la situación. Al final le hice el gesto con el pulgar hacia arriba y se volvió a marchar.

Castillo de Savonlinna

En medio de la noche escuchamos ruido en el albergue, y descubrimos que había otra pareja alojada en el albergue. A las 9 de la mañana siguiente, el desayuno buffet estaba preparado, pero volvíamos a estar solos. Faltaba poco para terminar cuando apareció un joven que nos hizo una pregunta. Yo entendí que si habíamos terminado ("have you finished?") y pensé que sería un empleado del albergue. Ante mi sorpresa, dijo algo en español y continuamos en esa lengua: quería saber si éramos finlandeses ("are you Finnish?"). Solucionado el malentendido, resultó ser un granadino (eso explica su inglés) que estaba con su novia almeriense: habían tenido un problema con el albergue (habían reservado dos noches, pero la mujer del albergue entendió que solamente estarían una y debía estar pensando que estaban allí de okupas) y buscaban intérprete. La almeriense asegura que estuvieron solos durante la primera de sus noches y que pasó verdadero miedo.

Isla de Sulosaari

La parte natural (lagos y bosques) de la región están chulos, pero la parte construida por el hombre es feísima. Savonlinna no nos gustó demasiado, excepto por su castillo, así que creemos que cualquier otro lugar en la región hubiera sido mejor. Una de los lugares que nos permitió conocer el coche fue Kerimäki, con la iglesia de madera más grande del mundo. No fue fácil encontrarla, porque hay varios núcleos de población pertenecientes al mismo municipio, pero cuando encontramos una oficina de información turística abierta (cosa que no sucedió en dos días en la muchísimo más famosa Savonlinna), la iglesia resultó estar enfrente. Lo lógico sería encontrar fácilmente la oficina para que te guiaran hasta la iglesia…

Iglesia de Kerimäki

En esos momentos descubrimos que la reserva de Helsinki solamente estaba garantizada hasta las 6 de la tarde, después de eso hace falta una tarjeta de crédito. Quizá pretenden que la gente les mande sus tarjetas por email, ya que no tienen reservas seguras vía web. En cualquier caso, si lo hubiéramos visto 2 días antes, en Helsinki, lo hubiéramos arreglado en un momento. Dadas las circunstancias, lo que hicimos fue volver rápido para llegar antes de las 6, pero la policía había cerrado los accesos a la zona (había un maratón con final en el estadio olímpico), llegamos con media hora de retraso y nos dijeron que lo sentían, pero que habíamos perdido la reserva. Menos mal que al final pude arreglar la situación y nos pusieron una cama supletoria.

Lago en Punkaharju

Lo que sí mola de Helsinki es que, como la comida finlandesa es tan nefasta, existen muchos restaurantes de comida extranjera, algunos de ellos exóticos. Por primera vez cenamos en un restaurante nepalí, aunque no encontré diferencias con la comida india.

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