El pasado fin de semana tuvimos la visita de César e Isa. El plural no es mayestático, sino que Noe llegó dos días antes para pasar una semana. El plan era dormir todos en mi cuarto, dado que el salón está siempre lleno de animales y perros. Antes de su llegada, compré un colchón, ropa de cama y un par de almohadas.
El sábado (antes de que César e Isa llegaran) Noe y yo estuvimos en la playa, concretamente en Porto Venere. Llegué en mal estado, porque me quemé los hombros y mis nuevas chanclas me hicieron varias rozaduras en mis pies. Precisamente ese día, cogimos el tren en un apeadero de Pisa que no conocía bien, y dimos muchas vueltas para encontrarlo. Tenía los pies totalmente destrozados (aún hoy los tengo llenos de tiritas) y tuve que ponerme unas chanclas de Noe, que me conferían un aspecto bastante ridículo.
Después recogimos en el aeropuerto a los visitantes. Como siempre, Ryanair llegó con retraso. Cuando tenga un poco de tiempo voy a hacer un estudio riguroso que demuestre que los datos de puntualidad que da Ryanair son falsos. El 100% de los vuelos que llegaban esa noche a Pisa (unos 10) se retrasaron. El caso es que a esas horas la única línea de autobús que sale del aeropuerto es la nocturna, que da muchísima vuelta. En un momento dado, estábamos junto a la torre de Pisa. Nos hicieron bajarnos del autobús y montarnos en otro (quizá el conductor había acabado su jornada laboral). Después, el autobús salió de la ciudad para pasar por un pueblo. Al rato volvió a pasar cerca de la torre; por lo que decidí que nos bajáramos allí y seguir a pie.
Entre pitos y flautas llegamos a mi casa a las tantas y nos encontramos una fiesta en la cocina, con mis compañeros, el novio de Bibbiana y un nuevo fichaje. Como toda fiesta que se precie, había música, entre la que destacaba el mítico Scatman. Resultó que el novio de Bibbiana habla español bastante bien. Me preguntó si Linares era un apellido español y si yo onocía a Rebeca Linares (nuestra actriz porno más internacional), que le encantaba. Les hablé de Nacho Vidal y estuvieron buscando fotos, para alegría de Bibbiana y gran enfado de su novio.
Mientras esperábamos que liberaran espacio para poder preparar la cena, comenzamos a instalar la habitación y nos llevamos el gran chasco: el colchón no tenía inflador incorporado. Pregunté a los de la fiesta si tenían algún inflador y el novio de Bibbiana vino a ayudarnos. Me pidió que le sujetara el porro que tenía en la mano y comenzó a examinar el colchón. Su conclusión fue que habría que hincharlo soplando, “como si se hiciera una mamada”. También nos sugirió utilizar un tubo, para lo que podríamos cortar un trozo de la manguera de los vecinos. Como no somos tan chorizos, intentamos utilizar un rollo de papel de aluminio. Y una pequeña bomba para hinchar bicicletas. Como no hubo manera, terminamos apañándonos los 4 con los 2 colchones que tengo, e improvisando un tercera con una manta y una sábana.
El domingo estuvimos de excursión en la preciousa ciudad de Lucca. Entre otras cosas, subimos a la torre de Guirigi, que yo no conocía y que tiene en su parte superior árboles, buenas vistas, y mucho fresquito.
Volvimos temprano para ver en Pisa la final de la Copa del Mundo de Fútbol, portando una bandera española que César e Isa trajeron para la ocasión. Para quien no viera el partido, Holanda jugó muy muy duro; y los comentaristas italianos decían que habían planteado muy bien el partido.
Después fuimos a la Piazza Garibaldi a celebrar la victoria con muchos de los españoles que residen en la ciudad. Allí vimos a Giuseppe Garibaldi, héroe de la unificación italiana, vestido con la bandera española. Otro gran momento de la noche fue cuando en mitad de la fiesta una italiana intentó ligar conmigo ante la indignación de Noe.
El lunes hice fiesta y estuvimos de excursión en Florencia. El martes los dejé viendo Pisa mientras yo trabajaba, pero me dio tiempo a volver a tiempo de acompañarlos al aeropuerto.
Como anexo, una anécdota que olvidé contar en la primera tanda de granadinos que vinieron a visitarme. Cuando llegué a Pisa, me informé tanto de los sitios a los que ir como a los que no ir. En la página web Tripadvisor, encontré un ranking de restaurantes en Pisa. El peor de los que tienen alguna crítica (algunos que no tienen ninguna salen después) es el Caffè Gambrinus. Por cierto, mis amigos del pueblo llamaban así a otro por su parecido físico con “el muñeco de la Cruzcampo”. Cuando vinieron los visitantes los avisé, ya que su alojamiento quedaba muy cerca del Gambrinus. Sin embargo, a ellos no se les ocurrió otra cosa que ir allí, ¡con la de sitios que hay en la ciudad! Y efectivamente, coincidieron que el sitio es merecedor de la fama que tiene.
jueves, 15 de julio de 2010
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