Hace más de cincuenta años, mi abuela tuvo una hija a la que llamó Elena, pero murió a los pocos días de haber nacido. Desde entonces mi abuela sólo compra un detergente, el de marca Elena, porque le recuerda a ella. Mi primo, y nieto suyo, alguna vez ha estado tentado de decirle que la traducción de Elena al holandés es Heineken, para que nos compre cerveza.
Mi abuela y su familia son de un pueblecito de Jaén. La alimentación básica allí consiste en hoyas (en mi pueblo, pozas) de pan con aceite. A veces con queso, a veces con bacalao, a veces con embutido. Durante los más de noventa años de vida de mi abuela (bueno, quitando los años en que no le habían salido los dientes, supongo), su cena de cada noche ha sido una poza. Hasta este año. Ahora ha conocido la margarina Flora, que le recuerda a una de sus ya fallecidas hermanas, y desde entonces el aceite ha desaperecido de sus cenas.
"Abuela, ¡cómo nos gusta tu fuagrás!"
(Los Enemigos, Fuagrás)
jueves, 24 de julio de 2008
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