El sábado fui a cortarme el pelo (por fin). Desenvolverse en una peluquería es algo que nunca se estudia en las academias de idiomas, y se hace complicado. Después de un rato intentando explicar cómo quería el corte de pelo, el peluquero, que no debía haber entendido nada, me miró con cara de póker y me dijo "bueno, como ahora pero más corto, ¿no?". Por la tarde tuvo lugar el juego del puente, del que ya hablé. Asistí al desfile previo de los participantes. Casi todas las fotos salieron movidas, la verdad es que no sé utilizar mi nueva cámara. Diría que en modo automático funciona bastante peor que mis dos cámaras anteriores.
El juego propiamente dicho hay que verlo a través de unas pantallas gigantes porque no caben todos los asistentes en el puente. Me lo perdí porque esa noche llegaban de visita unos amigos y fui a recogerlos al aeropuerto. Una vez más, el vuelo de Ryanair llegó dos horas tarde. En el autobús a Pisa, que no pagamos porque no nos dio tiempo a sacar billete, intentaba explicar a Zel mis problemas con el peluquero. Ella dijo que era muy fácil, que bastaba llegar y decir al peluquero "mi quiero pelaaare", con fingido acento italiano. Y lo hizo tan bien que una señora española que estaba pegando la oreja le dijo a su compañera "vamos a pedir a esta chica que pregunte al conductor dónde bajarnos, que habla italiano".
El domingo mis amigos se fueron a Roma (nos volveremos a reunir el miércoles por la noche) y yo me fui de excursión a San Miniato, un pueblo de la provincia de Pisa, muy bonito y poco turístico. En lo alto de un cerro, para no perder la sana costumbre de un buen alpargatazo. Es ideal para perderse, que es lo que me pasó a mí intentado llegar al casco antiguo desde la estación, ya que terminé caminando por un sendero por mitad de la campiña, muy bucólico. Y comí en un pequeño restaurante donde los únicos comensales eran unos ingleses que se habían venido a vivir a la Toscana hace años (como los de las películas). El problema fue el regreso. Al ser una estación de poco tránsito no había billetería, las máquinas automáticas no funcionaban y tuve que montarme en el tren sin billete. Dos veces en dos días empieza a ser peligroso...
lunes, 28 de junio de 2010
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