jueves, 2 de septiembre de 2010

InterRail por Noruega: Día 13

Desayunamos en el albergue. Increíblemente no hay cola para ducharse, a pesar de haber tan solo 3 duchas para todos los huéspedes. Las puertas de las duchas eran antiguas y tenían una cerradura no usada, ya que por dentro se cerraba sin necesidad de introducir una llave. El caso es que uno puede asomarse a la cerradura y mirar al interior. Por si alguien se sentía tentado de hacerlo mientras yo estaba dentro, decidí colocar en la trayectoria visual, colgando de la manivela de la puerta, mi ropa interior. Me pareció genial lo estúpido que se hubiera sentido un voiyeur que se hubiera asomado. Pero el que se sintió estúpido fue otro, porque al abrir la ducha salió un chorro inesperado hacia mis hasta entonces secos calzoncillos.

Antes de salir escuchamos cómo los españoles tenían movida: la noche anterior se encontraron unos okupas en sus camas, utilizaron otros libres y estaban discutiendo con el de recepción, que llegó a decir a uno de ellos que si le volvía a gritar lo mandaba a la calle.

Nos fuimos a la estación a que nos devolvieran las 90 coronas por cabeza. La empleada de la estación no dejaba de quejarse de que el revisor debía habernos escrito por detrás de la reserva que teníamos derecho a la devolución. Yo le decía que fue el revisor el que nos dijo que pidiéramos la devolución y que tenía que haber salido de él lo de escribir en la reserva. Pero aunque a regañadientes, nos devolvió el dinero.

Y después, a visitar la ciudad. Lo primero fue el mercado del pescado, repleto de dependientes españoles que se van a trabajar unos meses y ganan una pasta salvaje. Entre los españoles y los demás yo creo que hablan todas las lenguas del mundo. Nos dieron a probar ballena, salmón salvaje, embutidos de reno y alce... El salmón salvaje está realmente impresionante. Decidimos que volveríamos para comer y continuamos la visita a un ritmo muy lento porque estaba lloviendo. Aún así, con un día para ver la ciudad nos sobró tiempo.

Bryggen

Comer en el mercado de pescado. Es bastante habitual y muy recomendable comer pescado y marisco fresco (tienen marisco vivo que van preparando según hace falta) en el mercado. Pueden prepararte un plato sobre la marcha, según las indicaciones que tú les des: un poco de ballena, un poco de salmón, etc. Cobran al peso, aunque puedes decirle antes al camarero cual es el tope de dinero que te quieres gastar. También hay otros platos que vienen ya preparados y que exhiben a modo de muestra. Nuestra opción fue esta última: un plato para compartir de 200 NOK con varios tipos de marisco, salmón preparado de distintas maneras, ballena y guarnición: lechuga y una ensalada de patata con mahonesa. Como nos quedamos con un poco de hambre, después nos compramos un canapé de salmón y huevo duro.

Comida en el Fisketorget; lo más oscuro es ballena

Compras en el mercado de pescado. El mercado también es un buen lugar para comprar. Desde luego, hay comida para llevar como souvenir (nos quedamos con ganas de comprar unos embutidos artesanales), pero también hay recuerdos más convencionales a un buen precio en comparación con el resto del centro de la ciudad. Como curiosidad, si leyendo los recuerdos que compré alguien se pregunta de dónde salen unos números tan raros, mandé dos postales y una más a medias con Azalea. Además, una de ellas tuve que enviarla dentro de un sobre, y necesité un sello adicional porque ya había pegado el sello en la postal.

Qué ver en Bergen. Fisketorget (mercado del pescado), Bryggen (barrio de casitas de manera declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), iglesia Mariakirken, torre Rosenkrantztarnet, Domkirken (catedral), lago Lungegårdsvann para relajarse, iglesia Johanneskirken, vistas desde el monte Fløyen...
Por la tarde cogimos el funicular Fløibanen para subir al monte Fløyen, desde el que hay unas vistas estupendas de la ciudad. Además, me encontré al doble de uno de mis lectores.

¿Lo reconocen?

El monte es ideal para dar un paseo y allí descubrimos por primera vez una de los mejores cosas de este viaje: las deliciosas frambuesas silvestres: pequeñas pero sabrosísimas. Es todo un lujo encontrar el arbusto, cogerlas y llevárselas a la boca.

Bergen desde el monte Fløyen

Gastos
  • Almuerzo: 120 NOK
  • Recuerdos (1 sobre, 3.5 sellos y 2.5 postales): 49,5 NOK
  • Funicular Fløibanen (ida y vuelta): 70 NOK

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